Ayer estuve viendo un documental sobre Tutankamón. Más concretamente, era el documental donde Zahi Hawass demuestra gracias al ADN que Tutankamón era hijo de Akhenatón y nieto de Amenhotep III. Lo cual es curioso, porque cuando estudié Egipto Antiguo eso era solo una teoría, y ahora es la más aceptada. Y entonces recordé que hace justo diez años que me examiné del final de Egipto Antiguo. El tiempo pasa muy deprisa.
Pero hablemos de mi ida de olla mientras veía el documental. Ayer fue de esas noches donde se me va el pensamiento. Recordé una reflexión que hice hace tiempo sobre el barquero Caronte y el problema que tiene que tener con el cambio de divisas en la actualidad. Y se me ocurrió algo similar.
Supongamos que los antiguos egipcios tenían razón sobre el más allá. Ellos se enterraron en sus tumbas suntuosas del Valle de los Reyes, momificados, con sus juegos de mesa, sus ushebtis (¿donde iría a parar el mío?), sus ungüentos y perfumes y todo su ajuar para la otra vida. Y llegamos nosotros y los sacamos y los metemos en el depósito de un museo. ¿Estaremos forzando a los antiguos faraones a abandonar su cómodo más allá por culpa del expolio que les hemos dado a sus tumbas? Me imaginaba a Amenhotep III tan feliz jugando al senet y, de repente, siendo arrancado para encontrase en un lugar vacío y lúgubre.
¡Ah! -diría Osiris. -Se siente. Han saqueado tu tumba y roto los sellos ancestrales. No podemos hacer nada.
Lo cual me llevó a una segunda reflexión, porque muchos de esos faraones se encuentran hoy en día en museos rodeados de aún más tesoros de los que tenían en su ajuar funerario original. Y de otras épocas. Me imagino a las momias que descansan hoy en día en los Museos Vaticanos, encontrándose con que junto a sus vasos canopes y sus barcos funerarios les ha aparecido el Laoconte.
Y una tercera reflexión me llevo a las damnatio memoriae. Personajes como Hatshepsut fueron eliminados completamente de cualquier registro, sus sellos destruidos, sus estatuas rotas y decapitadas, para que ya nadie les recordara y, como contaba Homero en La Odisea, al no recordarles desaparecieran para siempre. Pero resulta que son personajes que han perdurado y hoy en día aún les recordamos. ¿Estamos ayudando a personajes históricos que fueron "vaporizados" de sus épocas?
En todo esto pensaba yo ayer mientras veía el documental sobre Tutankamón. Ahí lo dejo.
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