Las primeras palabras que leen aquellos que tratan de alcanzar la iluminación en los valles secretos cercanos al eje del mundo donde resuenan los gongs y merodean los yetis, las encuentran al ojear La vida de Wen el Eternamente Sorprendido.
Lo primero que preguntan es: «¿Por qué estaba eternamente sorprendido?».
Y la respuesta que reciben es: «Wen reflexionó sobre la naturaleza del tiempo y entendió que el universo se recrea de nuevo, instante tras instante. Por tanto, comprendió que en verdad no existe el pasado, únicamente un recuerdo del pasado. Cuando se parpadea, el mundo que se ve al abrir los ojos no existía al cerrarlos. Por tanto, dijo él, el único estado apropiado en la mente es la sorpresa. El único estado apropiado en el corazón es el gozo. El cielo que estás viendo ahora nunca lo habías visto antes. El momento perfecto es ahora. Alégrate de ello».
Ladrón del tiempo
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Creo que ya puse esta cita de Terry Pratchett por ahí pero es buen momento para recordarla. El recuerdo del pasado no existe y es relativo, a la vez que parece que hace muy poco tiempo de eventos lejanos en el tiempo, pienso en todo lo que ha pasado desde entonces y me abruma.
Este párrafo me recuerda mucho al pobre pescador de la costa suiza, ese al que no dejaban vivir a su manera. El que cada día lanzaba sus ganancias al mar y volvía a empezar desde cero. Él comprendió perfectamente las palabras de Wen, el problema está en que los otros no las entendían. Siempre está esa dicotomía, entre nosotros, los que poseemos la verdad de las cosas, y los otros, los que no las entienden y no nos dejan ser felices. A veces este equilibrio se rompe, creemos que tienen razón. A veces nosotros mismos somos parte de los otros, cuesta entender en qué bando estamos, y si somos de los nuestros.
Por otro lado, tendemos a pensar que si pudiéramos cambiar el pasado las cosas serían diferentes ahora, serían mejores. Pero el caso es que no lo sabemos, tal vez de haber tomado otras decisiones ni siquiera existiríamos. Tal vez si no hubiera decidido venirme a vivir aquí hace ya casi doce años, un autobús me hubiera atropellado en Albacete y c'est fini.
Entonces toca recordar las palabras de Wen, recordar que pase lo que pase el único momento que existe es el ahora, y que es lo único que vale la pena. Existir, sorprenderse con las alegrías del día a día y, como decía Voltaire, cuidar del jardín.
Bueno, como esta última frase ha quedado lapidaria (y un poco pedante, lo reconozco), hasta aquí el post de hoy.