Amanece nublado y aparezco en la playa a primera hora, a la altura casi de la Patacona, para enseñar la Casa-Museo de Blasco Ibáñez.
Hablo durante casi una hora de Hollywood, de Argentina, de sus amigos Sorolla y Benlliure, de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis y la Gran Guerra.
Más tarde nos vamos al centro y se nos unen las cámaras. Y, por la tarde, reportaje en À punt.
Quizá alguien haya reconocido el número que da título al post. Sí, es el segundo premio de la lotería de Navidad de este año. El número que mi abuela jugó a la lotería durante toda su vida. Ha salido, con ocho años de retraso, y, aunque no he visto ni un euro (qué le vamos a hacer), me emociona saber que en mi familia ha habido una lluvia de buena suerte.
El día del sorteo fue un día de emociones variadas y confusas, pero sobre todo de mucha alegría y añoranza. De pensar en desayunar tortas fritas con chocolate y en comprobar los números en el periódico, sentada junto a mis abuelos, buscando el 21015 entre las pedreas.
Por otro lado, yo estoy aquí, sentada frente al ordenador, con canciones viejas de Extremoduro que no me había detenido a escuchar.