miércoles, 31 de mayo de 2017

Capítulo 21: Un fin con el que comienza algo nuevo

Me da vértigo el punto muerto…
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos
y el olor a gasoil.

Me angustia el cruce de miradas,
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo
el paso obligatorio,
las tardes de domingo
y hasta la linea recta.

Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran a sus ideales
sobre los de cualquiera
Me cansa tanto tráfico y tanto sin sentido
parado frente al mar mientras el mundo gira.

Stand by
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Lo bueno de la vida es que, al contrario que en los libros, todas las veces (salvo una) no termina cuando llega el fin.

La mayoría de las veces es solo el comienzo de una nueva etapa.

Y eso da algo de miedo, porque todas las páginas están en blanco y toca ponerse a escribir. 

Por suerte, nunca me dio miedo ni la hoja en blanco ni el escribir. Aunque hace tanto que no lo hago que he perdido la práctica.

martes, 30 de mayo de 2017

Farewell


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Ser humano, ser inútil que no vuela, 


ser inútil que ahora vive, solo para trabajar. 
Inconsciente, de la pérdida de sueño, 
por complejos deprimente 
y obsesión por los billetes, 
que tenemos que olvidar. 

Con el soplo, del cantar de los andantes, 
simplemente compararse, 
no está bien y no está mal. 

El granizo que cae sobre la uralita 
solo cuenta margaritas
cuando no quiere soñar. 

Y no a la gravedad de la teoría, 
y menos mal que me toca opinar, 
te comenté mi triste ideología, 
por mis cojones que podré volar 
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Otra de las canciones que quiero aprender a tocar con la guitarra.

¡Ey! Me compré una guitarra en wallapop.
Ya sé tocar el cumpleaños feliz.

El sábado estuvimos de "conciertucho" del Capitán Cobarde. Después, pensé que me tendría que haber comprado un banjo.
¿Venderán banjos en Wallapop?
Este podría ser el principio de tardes de verano con mi mecedora y mi banjo en la terraza.

Pero no me compré un banjo. Lo dejo para la próxima vez que sienta un impulso incontrolable.
Primero, tiempo libre. 
Luego, estudiar. 
Luego, escribir. 
Luego, la guitarra. 

Pasito a pasito. 

PD. Qué fuerte, sí venden banjos en wallapop...

viernes, 19 de mayo de 2017

Mi bisabuelo y Gil Salcedo

Voy a contar esta historia tal cual me la relató mi abuelo, con sus inexactitudes. Porque además es una historia que involucra a mi bisabuelo, con lo cual no podéis exigirme mucho rigor.

He buscado algo de información sobre lo que se relata en ella y no la he encontrado, lo que me hace pensar que el nombre del protagonista es erróneo y seguramente nunca sepamos cuál fue realmente. Pero es mi abuelo, y en una noche como la de hoy, se merece que una de las batallitas que me ha contado un millón de veces tengan su huequito en este rincón inmortal de la web.

Mi bisabuelo, Faustino Tamarit padre (llamémosle así) era camionero de la fábrica de harinas cuando estalló la guerra civil. Almansa estuvo hasta casi el final en el bando republicano, así que lo que ocurrió fue lo siguiente: el patrón de la fábrica huyó a Valencia y los obreros se hicieron con el control y colectivizaron la producción. No les fue mal. Y mi bisabuelo siguió llevando su camión.
Con la escasez de recursos y comunicaciones de aquella época, tener un camión era muy útil. Mi bisabuelo ayudó a mucha gente. De cualquiera de los dos bandos: si alguien honrado estaba en peligro y podía ayudarle, lo hacía. Llevaba fugitivos de un lado a otro y, si preguntaban, lo negaba todo. Y nunca tuvo ningún problema. Quizá porque era un hombre del que cualquier podía depender, llegado el caso.

Uno de estos fue Gil Salcedo quien, según mi abuelo, era ministro, o algo así, algún cargo importante, de la República. Gil Salcedo tenía que llegar hasta Alicante para poder emigrar, pero no tenía medios, así que contactó con mi abuelo para que lo sacara a escondidas y le llevara. Así lo hizo. Y cuando llegaron al puerto de Alicante, Gil Salcedo compró una botella de anís, muy ornamentada, y le dijo a mi bisabuelo que la guardara, pues cuando volviera, se la iban a beber los dos juntos. Él volvió a Almansa y guardó la botella.

Pasados unos años, ya acabada la guerra, oyeron en el pueblo que Gil Salcedo estaba escondido allí, con otro nombre y disfrazado para pasar desapercibido. Faustino padre acudió a quien sabía que le escondía y le dijo que fueran a su casa, que tenía el anís guardado y quería que se lo bebieran. Pero Gil Salcedo nunca apareció.

Pasó aún más tiempo, y mi bisabuelo falleció ya muy mayor. Había llegado y pasado ya la transición, y en Almansa gobernaba un alcalde del PSOE, Antonio Callado. Mi abuelo, Faustino hijo, oyó que Gil Salcedo, ya muy mayor, estaba en el pueblo. Había organizado una exposición de sus pinturas, y allí estaba el alcalde y más cargos para homenajearlo. Y mis abuelos allá que se fueron.

Pero no a buenas, no. Porque mi abuelo, para que vamos a engañarnos, nunca se ha caracterizado por su delicadeza. Mi abuelo iba dispuesto a decirle al hombre cuatro cosas bien dichas, que a ver por qué no había ido a ver a mi bisabuelo, que se había muerto sin beberse con él el anís después de haberle salvado la vida. El caso es que mis abuelos llegaron a la Casa de la Cultura y vieron a Gil Salcedo, muy mayor, frágil, siendo llevado en silla de ruedas. Y se encaminaron hacia él y le dijo que era Faustino.

Y mi abuelo cree que, confundido por su avanzada edad y el gran parecido físico entre padre e hijo, Gil Salcedo pensó que al que tenía delante era a Faustino padre, y le agarró de la mano y sus ojos le brillaron como emocionado. Pero en ese mismo momento apareció el alcalde quien, con muchos aspavientos, pasó a saludar al homenajeado y se lo llevó a otra parte. Y mis abuelos se marcharon de allí, sin haber hablado con Gil Salcedo. Fue la última vez que le vieron.

En cuanto a la botella de anís, no se acuerda. Durante muchos años la vio allí en casa de su padre, hasta que al final, cree, se la bebieron entre todos.

Nota: tras buscar un buen rato y probar distintas combinaciones y fechas, he pensado que quizá a la persona a la que mi abuelo se refiere en su historia es Ovidio Salcedo (más info aquí), quien cuadra por fechas, exilio y afición a la pintura. Pero solo son especulaciones.

martes, 16 de mayo de 2017

Las fiestas de mayo




Me gusta esta foto. Un selfie ahí a lo loco, sin palo ni nada. 
Solo se me ve media cara, pero es mi mitad buena.

Las fiestas de mayo de Almansa son del 1 al 6, y el día 4 es la comida de la cochera.
Siempre procuro ir, y este año no fue una excepción. 
Ya es una tradición asentada, a los niños hasta les hicieron camisetas.
Traemos unas paellas, ponemos caballetes y tableros y algo para picar, y comemos todos juntos. Familia, amigos de mis tíos, sus hijos. Mis sobrinas. Ariana, que come encima de mi, y Teresita, que solo quiere que la cojan en brazos. Y este año, también la foto a tamaño natural de mi abuela. 

Luego retiramos la comida, sacamos más picoteo y bebida, y transcurre la tarde sin prisa pero sin pausa. Viene Celio a tomar algo, y entre risas promete volver al año que viene.

El 4 de mayo es la razón por la que las Fiestas de Almansa valen la pena.

lunes, 15 de mayo de 2017

Vidas posibles

«Si mezclas el puré de patatas con la salsa, después no se pueden separar, es para siempre. El humo sale del cigarrillo de papá, pero nunca vuelve a entrar. No podemos volver atrás, por eso cuesta elegir. Hay que tomar la decisión correcta. Mientras no elijas, todo sigue siendo posible...» 


Nemo Nobody - Las vidas posibles de Mr. Nobody

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Cada vez que escucho esta canción se me para un momentito el corazón y siento que voy a llorar. Luego nunca lo hago. 

Pero el momentito está ahí.

Luego eliges, y crees haber tomado la decisión correcta.
Esperas no equivocarte.
Todo deja de ser posible y, durante un tiempo, solo hay un camino a seguir.

Es la única posibilidad que existe.
El resto ya quedaron fuera de cuestión.

Al menos en este mundo.
Si existe un mundo en el que tomé otros caminos, seguramente existe un mundo en el que no tomé ninguno en absoluto.
Es un mundo un poco triste, eterno e inmutable hasta que se marchita y muere.
Supongo que es al pensar en ese mundo cuando me entran las ganas de llorar.

Pero luego nunca lo hago.

Porque ya he echado a andar y, para bien o para mal, hay un camino que seguir.

Y en el borde del camino hay una silla... pero esto es otra canción (de Silvio).

Y será cantada en otro lugar.

martes, 9 de mayo de 2017

Cuentos para muchos y cuentos para una



Pero también las casas eran diferentes a todas las que Momo había visto siempre. Eran de un blanco casi cegador. Detrás de las ventanas había sombras negras, de modo que no podía ver si vivía alguien en ellas. Pero por alguna razón, a Momo le parecía que esas casas no habían sido hechas para que alguien las habitara, sino para servir a algún otro objetivo misterioso.  
Las calles estaban completamente desiertas, no sólo de personas, sino también de perros, pájaros y coches. Todo estaba inmóvil y parecía como si estuviese rodeado de un cristal. No se notaba el menor soplo de aire.

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Hace cosa de quince años (o tal vez más) construyeron ese barrio en Almansa. Un barrio exterior, todo de chalés adosados, al final del pueblo. Entre que estaba lejos y tal apenas se mudó gente al principio. En cuanto lo vi supe que era el barrio por el que Momo pasaba antes de llegar a casa del Maestro Segundo Minuto Hora. El barrio de casas blancas donde no vivía nadie. Solo faltaba la escultura en formad de huevo.
Hoy, algunas casas han sido pintadas y ya vive gente. Pero sigue siendo un barrio tranquilo, exterior, alejado. Desierto de personas, perros, pájaros y coches.
Pensé en este barrio después de la foto que hice de las esfinges en Valencia. En todos los rincones de los sitios a los que he ido que parecen sacados del mundo de Ende. En esos sitios mágicos que solo yo conozco, entiendo y comparto.