La otra noche, quizá inspirada por el eclipse, me dio una especie de ataque febril por escribir algo que llevaba rondándome la cabeza mucho tiempo. Me senté frente al ordenador y no paré de teclear hasta que estuvo acabado.
Aquí lo dejo. La primera parte...
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Aunque el caso se había desarrollado bajo secreto de sumario, los medios no habían dejado de emitir exclusivas sobre lo que, en teoría, estaba pasando en los juzgados. Ahora se hablaba de que si se habían presentado testigos inesperados por parte de la defensa, luego que si resultaba que había nuevas pruebas forenses que inculpaban al acusado.
Analistas y tertulianos se reunían cada día para especular sobre cuán inclinada estaba la balanza en su contra, y la abrumadora cantidad de indicios que le situaban como perpetrador del crimen.
Por eso resultó una gran conmoción que, de repente, todo se resolviera con una declaración unánime de inocencia y libertad sin cargos inmediata para Juan Martí, heredero del imperio inmobiliario Martí & Casany.
Las cámaras le mostraban sereno y relajado, en su chalé de la playa de la Malvarrosa, impertérrito ante los cientos de periodistas que acampaban a los pies de la mansión. Parecía disfrutar de tanta atención y seguramente lo hacía: paseaba su perfecto torso desnudo por el jardín, sin preocuparse de protegerse de miradas indiscretas.Mostraba una sonrisa resplandeciente en todas las portadas, y sus ojos azules bailaban, juguetones, hacia las cámaras de televisión.
Durante algún tiempo las tertulias continuaron, primero a diario, luego durante un par de horas semanales en programas nocturnos y de investigación. ¿Sería realmente inocente? ¿Podría un culpable estar tan tranquilo y disfrutar tanto de la atención mediática? ¿Sería algún tipo de psicópata?
Finalmente la atención hacia Martí bajó, y, transcurridos seis años de su detención, ya no se hablaba de él salvo en algún programa repetido. Por eso llamó tanto la atención que una de esas tertulias nocturnas, la de los viernes, anunciara una entrevista en exclusiva con Juan Martí, en la que éste desvelaría los secretos del crimen que le había llevado ante los tribunales hacía ya tanto tiempo. Y de repente el foco mediático estaba de nuevo sobre él. ¿Qué querría contar ahora? ¿Sabría más de lo que dijo? De manera que millones de personas aguardaban expectantes, al momento en que se reuniera con la entrevistadora, una periodista de mediana edad que conducía su programa como si de una sala de interrogatorios de la policía se tratase.
Juan Martí salió pocos segundos después de ser anunciado. Se sentó en un sillón de estilo nórdico enfrente de la periodista, y miró a los ojos a toda España cuando fijó la vista en la cámara número 3.
—Buenas noches —dijo, y nadie dudó de su inocencia en aquel momento.
—Buenas noches, Juan. Estamos encantados de que estés aquí. Esta es la primera entrevista que concedes desde…
—Desde el asesinato, sí.
—Desde el llamado «crimen de las estrellas».
—La verdad es que nunca me gustó ese nombre —sonrió. —Es verdad que tenía mucho que ver con las estrellas, pero a veces creo que se referían más a mi que al lugar donde fue encontrado.
—El Jardín de Astronomía de la Ciudad de las Artes. Por eso se le llamó de las estrellas, ¿no?
—Sí, las estrellas eran importantes. Las del cielo, yo… —rió, y volvió a mirar a cámara. Los espectadores, en sus casas, se dejaron guiar por sus ojos. Muchos aprovecharon para entrar a sus grupos de Whatsapp. «¿Estás viendo la tele?» —escribían. — «Ponla, está saliendo Martí». La cuota de share del programa subía cada vez que el susodicho se giraba hacia el espectador.
—De ti venimos a hablar hoy. Juan, tengo que decir que nos sorprendió mucho que nos llamaras pidiendo conceder esta entrevista.
—Suponía que ya os habríais olvidado de mi.
—Ha pasado mucho tiempo.
—Y ha habido más crímenes, otros sucesos. Es normal. Pero hoy tenía que volver a hablarse de mi.
—¿Podemos preguntar por qué?
—Hoy hace exactamente seis años del crimen.
—Hoy hace seis años desde que una pareja que iba buscando un rincón oscuro en L’Umbracle encontró un cuerpo desfigurado, con un cuchillo que pertenecía a tu familia clavado justo en el corazón.
—Exacto. El asesinato del que me acusaron y con el que, finalmente, no pudieron relacionarme.
—O sea, que fue por eso por lo que te declararon inocente.
—Claro. Varios testigos me situaron en el hotel Sidi Saler a la hora del crimen. Era imposible que hubiera estado a la vez allí y en el Jardín de Astronomía.
—El hotel se encuentra bastante cerca, en coche, no hubieras tardado mucho en ir y volver.
—Sí, pero la llave de mi habitación no había sido usada esa noche. Llegué al hotel hacia las 5 de la tarde y estuve en el spa hasta las 7, así lo asegura la masajista filipina que me descontracturó la espalda. Y luego subí a la habitación y pedí la cena al servicio de habitaciones. No había lugar a dudas —sonrió de nuevo al público. Más espectadores se unieron a la tertulia.
—Si tu coartada era tan sólida, ¿por qué se prolongó tanto el juicio?
—No había otro sospechoso. El cuchillo es una reliquia familiar que lleva en mi familia generaciones, pero un perito pudo demostrar que el que estaba clavado en aquel corazón era una falsificación muy trabajada. Quizá me pasé de ostentoso, incluso apareció un reportaje sobre él en una revista especializada. Como dijo el perito, cualquiera que fuera un poco mañoso podría haber hecho una reproducción con la intención de inculparme.
—Entonces, ¿el auténtico aún está en su poder?
—Sí, claro. Pero no lo tenía yo, estaba en una caja acorazada en el banco. Cuando el perito pudo comparar ambos cuchillos y distinguir el original de la copia, nadie tuvo dudas acerca de mi inocencia.
—El crimen sigue sin resolver, ¿tiene alguna idea de quién pudo haberlo hecho?
—Bueno, tengo que decir que a eso he venido. —se echó hacia atrás y entrelazó sus manos a la altura del estómago.
—¿Quieres decir que sabes quién cometió el asesinato?
—Sí, eso quiero decir. Pero creo que ya toca la pausa de publicidad, ¿no?
—Tienes razón. —la periodista se giró a cámara —Volveremos en cinco minutos, permanezcan atentos a sus pantallas porque en breve Juan Martí desvelará la identidad del «asesino de las estrellas».
La pantalla se ennegreció en millones de salones, cocinas y bares, y dio paso a un anuncio de yogures líquidos.
Continuará...