Un nuevo (o no tanto) cuento para acabar el lunes
____________________
____________________
Amanecía, el sol del nuevo día dispersaba sus rayos amarillentos sobre esa parte del mundo. Amanecía sobre el mar, y las olas se teñían de un dorado furioso, y rompían feroces junto a la orilla, como si quisieran disuadir a las medusas, los caballitos de mar y a las sirenas de que se acercaran a la costa. Como si les quisieran decir que no hay lugar peor que tierra firme, que lo único ciertamente valioso en la vida se encuentra a la deriva.
Y él, que lo sabía, miraba por la ventana. También le hablaban a él las olas, pero no las entendía. El mar, el inmenso mar se hallaba ante él, y antes de que el sol terminara de asomar por el horizonte, soltó el ancla y salió a navegar, en su balsa de madera y sueños. Su pelo, suelto al viento, embellecía al temporal, sus ojos curtidos por la sal buscaban aquella isla de coral que sólo se hallaba en su imaginación, pero que a la vez era tan real como intangible.
Finalmente, en el ojo del huracán, la encontró. Su roja iridiscencia teñía el atardecer con tonos cálidos que la mente humana no había podido, hasta entonces, sino intuir. Desembarcó en aquella orilla tranquila, y esperó.
Allí estaba. Su unicornio azul se acercó tímidamente y apoyó la cabeza en su regazo.
Y el resto del universo despareció de repente, como si hubieran quitado el tapón del mar.
____________________
____________________
Amanecía, el sol del nuevo día dispersaba sus rayos amarillentos sobre esa parte del mundo. Amanecía sobre el mar, y las olas se teñían de un dorado furioso, y rompían feroces junto a la orilla, como si quisieran disuadir a las medusas, los caballitos de mar y a las sirenas de que se acercaran a la costa. Como si les quisieran decir que no hay lugar peor que tierra firme, que lo único ciertamente valioso en la vida se encuentra a la deriva.
Y él, que lo sabía, miraba por la ventana. También le hablaban a él las olas, pero no las entendía. El mar, el inmenso mar se hallaba ante él, y antes de que el sol terminara de asomar por el horizonte, soltó el ancla y salió a navegar, en su balsa de madera y sueños. Su pelo, suelto al viento, embellecía al temporal, sus ojos curtidos por la sal buscaban aquella isla de coral que sólo se hallaba en su imaginación, pero que a la vez era tan real como intangible.
Finalmente, en el ojo del huracán, la encontró. Su roja iridiscencia teñía el atardecer con tonos cálidos que la mente humana no había podido, hasta entonces, sino intuir. Desembarcó en aquella orilla tranquila, y esperó.
Allí estaba. Su unicornio azul se acercó tímidamente y apoyó la cabeza en su regazo.
Y el resto del universo despareció de repente, como si hubieran quitado el tapón del mar.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada